jueves, 6 de junio de 2013

Capítulo 37

- ¿Sí?
- Álvaro, soy Blas. Tengo un problema.
- ¿Qué ha pasado? 
- Sheila se ha vuelto a Madrid, ¿la has visto o algo?
- ¿yo? ¿A Sheila? Qué va tío. No la he visto. - Dijo Álvaro levantándose y sentándose en la cama.
Sheila, le miraba atenta, seguro que era Blas.
- ¿Te pasa algo? Estás muy raro.
- ¿A mí?  Nada. Es que me has pillado dando de comer a los peces.
- ¿Peces? ¿Desde cuándo tienes peces?
- Me los compré ayer, ya sabes, lo de siempre.
- No sabía que te gustaran los peces.
- ¿No? Pero si siempre me han gustado. Bueno, te dejo, si sé algo de Sheila, te llamo.
- Venga, vale, suerte con los peces.
- Gracias.
Álvaro colgó y tras un suspiro, se giró y vio a Sheila dormida. Al verla, se le escapó una sonrisa tonta, la dio un beso en la mejilla y se tumbó a su lado, que tierna era cuándo dormía.
A la mañana siguiente, Sheila se despertó, miró a su alrededor, ¿dónde estaba? En ese momento se acordó de una llamada que interrumpía a Álvaro y a ella en su momento pasional. Estaba tan cansada del viaje, que se quedó dormida en seguida. Cuándo entró en razón, vio que Álvaro no estaba en la cama. Se levantó a buscarle pero en ese mismo instante, entraba él en ropa interior con una bandeja de desayuno.
- Aquí tienes preciosa. - Dijo él dándola un beso en la mejilla.
- Buenos días - Dijo Sheila sin saber que decir.
Los dos empezaron a desayunar, ninguno decía nada. Cuándo acabaron, Sheila comenzó a vestirse pero la sonó el móvil, era Rebeca.
- ¡Sheila! ¿Qué tal por Murcia?
- Estoy en Madrid, en casa de mi abuela. 
- ¿Y eso?
- Ahora voy a casa y te cuento.
- ¿Pero tu abuela está bien?
- Si sólo que he ido a pasar la noche allí, por no molestaros.
- Ah, vale, pues luego nos cuentas. Aquí te esperamos.
Sheila colgó y dijo mientras que acababa de vestirse:
- Bueno, creo que es hora de irme ya. Gracias.
- Vale, adiós.
Y con un beso vergonzoso en la mejillas, Álvaro y Sheila se despidieron.
Mientras tanto, en Granada, David y Dani disfrutaban cómo niños de sus vacaciones. Casi todas las noches, se iban de fiesta, y cómo siempre ligaban mucho, sus amigos de allí les pusieron el mote de "los ligones". Cada noche, ligaban con una chica diferente pero no repetían con ninguna.
David, aburrido, una tarde decidió llamar a una de las chicas con las que había ligado hace dos días. Quedaron en verse en la playa, en el chiringuito. Dani, al ver que David quedaba con una de sus ligues, quedó también con una de las chicas qué más le gustaron. 
- ¿Ya me estás copiando? Quedo yo con una chica, y también tienes que hacerlo tú. - Dijo David a Dani
- Si me dejas sólo, ¿qué quieres que haga?
- Pues te compras un mono, yo qué sé.
- Anda, déjame. Paso de discutir. He quedado con ella en el chiringuito. ¿ Y tú?
- También.
Los dos se arreglaron, y se bajaron al chiringuito de la playa. 
- La mía es mucho más guapa, ya lo verás.
- No empecemos, Dani, no me piques, sabes que las más guapas me las llevo yo.
- Qué flipado eres, la más guapas siempre acaban conmigo.
Los chicos levantaron la mirada y vieron a una chica rubia y alta con una preciosa sonrisa que se les acercaba.

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