lunes, 3 de junio de 2013

Capítulo 35

El verano continuaba, Álvaro y las tres chicas quedaban muy a menudo para verse. David y Dani disfrutaban cada día y cada noche allí en Granada. Carlos, en Alicante, extrañaba mucho a Diana, cada día pensaba más en ella, y aunque le costó asimilarlo, se había enamorado locamente de ella y de sus locuras. Diana, en Madrid, también le echaba mucho de menos a él, ya que no podía verle, hablaban todos los días, y siempre acaba llorando por no poder verle. Rebeca, seguían tan loca cómo siempre, disfrutaba cada momento. Todos seguían felices aunque no tanto cómo cuándo estaban juntos, pero aun así, su amistad duraba. Blas, en Murcia, salía mucho de fiesta, pensaba mucho en Sheila, la quería, pero veía que las cosas estaban cambiando entre ellos dos. Sheila, por su parte, también sentía lo mismo, le quería mucho, estaba enamorada pero estar tanto tiempo separados, le afectaba a ella y a él.
Álvaro, que  veía mal a Sheila, un día habló con ella:
- Eh, Sheila, ¿estás de bajón?
- Sí.
- ¿Es por Blas?
- Sí, siento que ya no es lo mismo, cuándo hablamos por teléfono estamos distantes, parece que la distancia todo este tiempo nos ha afectado.
- Eso lo dices porque le echas de menos, cuándo vuelva aquí a Madrid, verás cómo volvéis a ser los mismos tortolitos de siempre.
- No creo, cada vez hablamos menos y cuándo hablamos, lo hacemos muy serios, sin cariño.
- Pero os queréis mucho, todos lo sabemos, ¿por qué iba a cambiar por una simple distancia de nada?
- Porque esa maldita distancia hace que no nos podamos ver. No es lo mismo hablar con él por teléfono que tenerle aquí a mí lado y que me abrace cuándo le necesito.
- Bueno Shei, piensa en positivo, queda sólo un mes para verle, ¿qué es eso?
- Mucho, no aguanto más. ¿Me haces un favor?
- Claro, dime.
Sheila habló con Álvaro, le pidió ese favor que tanto deseaba hacer y Álvaro, aceptó en ayudarla. Las gemelas se enteraron de lo que Sheila pensaba hacer, y contentas por esa decisión, la ayudaron en todo lo que pudieron. 
Varios días después, Sheila estaba haciendo la maleta para irse a ver a Blas, esperaba que el plan saliera bien. Iba a ir a su casa para darle una sorpresa, no quería seguir aguantando tener que hablar por teléfono con él, y que nada sea lo mismo. 
Sheila, cogió el tren y fue a Murcia. Cuándo llegó a su hotel y dejó la maleta, fue a la dirección que Álvaro la había dado, llamó al timbre y la abrió una señora muy simpática.
- Hola ¿Qué vendes?
- Nada, soy una amiga de Blas, he venido a verle.
- Ah, espera, le llamo, que está en su cuarto. ¡BLAAAAAAAAAS!
- Voy mamá. - Se escuchó decir a él desde lejos.
Cuándo Blas llegó a la puerta, su madre le dijo:
- Ha venido una amiga tuya a verte.
- ¿Quién? 
Blas miró hacia la puerta y la vio ahí, a su novia en la puerta de su casa, había ido desde Madrid sólo por verle. Su cara no fue de felicidad, ni de alegría, si no que se puso serio y dijo dándola dos besos:
- ¿Qué haces aquí?
- ¿Esta es la bienvenida que me das? ¿Vengo desde Madrid sólo para verte y no me das ni un beso ni nada?
- ¿Qué quieres que haga? No me lo esperaba.
- Claro, era una sorpresa. Ni una simple sonrisa ni nada. ¿Qué pasa? ¿No me querías ver?
- Claro que sí cariño, pero no entiendo porqué has venido.
- Porque estoy harta de que sólo podamos hablar por teléfono cuándo tú puedas y estés libre, cada día que pasa te echo más de menos y a ti parece que te da igual. Y me gasto unos ahorros que tenía sólo por verte, y me encuentro a un tío borde que no se alegra de que su novia se haya recorrido muchos kilómetros por verle. 
- Nadie te ha pedido que te los gastaras, Sheila.
- ¿Ah, no? Pues sabes lo que te digo, que te den. Adiós. No sé para que narices he venido.
Sheila se fue cabreada, ¿Blas no se alegraba de verla? ¿Qué pasaba? Blas, sin inmutarse mucho, cerró la puerta de su casa, se apoyó en ella y se pudo a pensar. Sheila se fue a su hotel, necesitaba llorar, ¿que significaba eso? ¿Lo dejaban? Blas, arrepentido, llamó a Álvaro y dijo:
- Tío, soy un gilipollas.
- ¿Por? ¿Qué ha pasado?
- Sheila ha venido, bueno supongo que lo sabrás, y cómo soy un idiota, la he tratado fatal. Necesitaba verla y sólo se me ocurre ser un borde con ella y no alegrarme de verla.
- Joder, definitivamente eres retrasado.
- ¿Sabes dónde podrá estar?
- Después de lo que se ha gastado en ir a verte, no creo que se vuelva a Madrid, se quedará unos días en el hotel.
- ¿Qué hotel?
Álvaro le dio el nombre del hotel dónde se alojaría Sheila y Blas fue a verla corriendo. Subió a su habitación y llamó a la puerta:
- Sheila, cariño, ábreme por favor.
- ¿Para qué? Para que me vuelvas a tratar como a una gilipollas?
- No, de verdad. Lo siento mucho, cuándo te lo explique me entenderás, pero ábreme por favor.
Sheila, llorando, le abrió la puerta.
- ¿Qué?
Blas la cogió entre sus brazos y la dio un dulce beso. 
- Lo siento, soy un subnormal.
- Blas, explícame lo que quieras, pero ahora mismo estoy mal. Si por mi fuera, me volvería a Madrid y esto se acabaría.
- ¿Quieres que esto se acabe?

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