miércoles, 5 de junio de 2013

Capítulo 36

- ¿Quieres que esto se acabe? - Preguntó Blas.
Sheila le miró muy seria, por dentro se moría por besarle, pero la trató cómo si fuera una más, y ella no aguantó eso. Cabreada, dijo:
- ¿Ahora mismo? Si te digo la verdad, no estaría con un tío cómo tú, me has demostrado cómo es el verdadero Blas.
- ¿Y cómo se supone qué es el verdadero Blas?
- Un chulo prepotente que se cree que puede tener a cualquier chica y sólo piensa en si mismo sin darse cuenta que con lo que dice, hace daño a los demás.
- ¿En serio piensas eso de mi?
- Después de cómo me has tratado sabiendo que he venido desde Madrid, gastándome mis ahorros, sólo por verte, sí.
- Sheila ya te he dicho que lo siento, no debería haberme comportado así.
- Pues lo has hecho, que mala suerte. Me voy a duchar, me gustaría bajar a la playa, si no te importa me gustaría estar sola. No me gusta que me miren mientras me ducho.
- Vamos Sheila, tanto tú como yo sabemos perfectamente lo que hemos vivido en este año juntos, nos hemos duchado muchas veces juntos. No me voy a asustar por verte desnuda.
- ¿Qué pasa? ¿Quieres que te denuncie por pervertido mirón? Adiós Blas.
- Sheila, no seas tan cruel. 
- Adiós, Blas.
Blas se fue a su casa cabizbajo, triste, hundido. ¿Se acabó su relación con Sheila? No. Hasta que Sheila le dijera que no quería estar con él, no dejaría de intentarlo. Quedaría con sus amigos para bajar a la playa y allí, la buscaría para hablar con ella. 
Sheila, se dio un relajante ducha, la necesitaba. Cogió unas cuantas cosas y se bajó a la playa.
Blas llamó a sus amigos y quedaron en el chiringuito. Cuándo estaban todos juntos y se bajaron a bañar, Blas no dejaba de buscar a Sheila, pero no la veía. Se dio por vencido, tiró la toalla, no la encontraba. Más tarde, subieron  sus amigos al chiringuito y tras ellos, subió él. Se sentaron en la barra, pero Blas vio a Sheila, sentada en una de las mesas tomándose una coca-cola. Se acercó a ella y dijo:
- Sheila, escúchame, necesito hablar contigo. A solas, ven a mi casa estar tarde. O si quieres puedo ir yo al hotel.
- Me vuelvo a Madrid. ¿Para qué voy a seguir aquí sola?
- No lo estás, estás conmigo.
- Ah si, se me olvidaba. Estoy con el tío que es un borde con su novia y no agradece que ella se gaste sus ahorros para venir a verle, ese mismo. Un gusto estar con él.
Sheila se levantó, cogió sus cosas y se fue. Cuándo llegó al hotel, colocó un poco su maleta y se fue hacia la estación de autobuses para volver a Madrid.
A las 17:00 salía el autobús y cómo necesitaba hablar con alguien, llamó a Álvaro, era el único que la entendería, las chicas no sabían nada de lo que había pasado con Blas.
- ¿Sheila?
- Álvaro, me vuelvo a Madrid, acabo de coger el autobús.
- ¿Qué ha pasado?
- Luego te llamo y te cuento, llegaré a las ocho y media o nueve estaré allí. Cuándo llegue te llamo.
- Vale. Luego hablamos.
Sheila desconectó en el viaje, no quería pensar en anda de lo que había pasado. Llegó a Madrid, y cuándo se bajó del autobús dijo:
- ¿Álvaro qué haces aquí?
- No iba a dejarte sola, ¿vienes a mi casa y me cuentas?
- Vale.
Álvaro y Sheila se fueron, y ella preguntó:
- ¿Y las chicas? ¿Saben algo?
- No, tienes que contárselo tú.
- Vale, luego las llamo para que sepan que voy a casa.
Cuándo llegaron a casa de Álvaro, se acomodaron en el sofá, y Álvaro dijo:
- Bueno, cuéntame, ¿qué ha pasado?
Sheila le contó toda la historia, y Álvaro no sabía que hacer, Blas era su amigo pero tenía que reconocer que se había pasado.
- Bueno tranquila, cuándo vuelva a Madrid, todo se solucionará, tranquila. Y ahora disfruta del momento, me tienes a mí y a las chicas para lo que sea, lo sabes.
Sheila se acercó a él y le besó. ¿Qué hacía?
- Sheila, ¿qué haces?
- No lo sé, pero me gusta.
Álvaro, sin ser consciente de lo que iba a pasar, la besó apasionadamente. Después de un beso llegaba otro, ninguno de los dos pensaba en nada más, sólo existían ellos.  
Los besos llevaron a algo más, Álvaro cogió en volandas a Sheila y la llevó a su habitación. Ninguno se paró a pensar en las consecuencias de lo que estaba pasando. Álvaro y Sheila entregados el uno al otro bajo las sábanas.  ¿Lo estaban haciendo? Sí, sin importarles nada más.
Entre besos y caricias, sonó el móvil de Álvaro. Lo cogió:
- ¿Sí?

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